Fragmento del inicio de la obra
El escenario aparecerá abierto, pero totalmente a oscuras. Por entre el patio de
butacas, igualmente a oscuras, aparece el personaje Luis, que iluminado por el
reflector dialogará con el público.

  • LUIS.⏤ (Desde el fondo). Señores: Hubo una vez un rey, un rey de España, para el que
    sus ansias personales parecían más difíciles que los hondos problemas del imperio más
    grande que vieran los siglos. Y mientras que sus hermanos bastardos crecían fuertes
    como lo hace siempre la naturaleza salvaje; el heredero, el elegido de los dioses y los
    hombres, crecía como una espiga angustiosa, más angustiada que su mismo pueblo.
    Carlos II, el esperado, al que por sobrenombre se le habría de llamar “El
    Hechizado”, representa no sólo su propia tragedia, sino todo un símbolo para cuantos
    han pasado por la vida, con las manos atadas y vacías. La impotencia, su impotencia
    “constituye un perenne recuerdo de que la historia no es hecha solo por los hombres
    fuertes, de que la debilidad moldea el destino humano, tanto como los supuestos
    superhombres y los héroes. Su vida fue una miseria, sus debilidades excedieron toda
    ayuda… Ni siquiera el diablo, a quien también se invocó, pudo salvarlo”.
    Carlos, “El Hechizado”; la angustia viva comunicándose compartida a todo un
    pueblo, porque así estaba signado, porque así parecía escrito, como si la naturaleza se
    ensañara en ser cruel con quien escoge; como si cuanto lo rodea fuera más cruel que su
    naturaleza. Un rey impotente; pero ¿qué gobernante debió autocreerse nunca con poder
    supremo? ¿Y qué pueblo no nació siempre fustigado a obedecer? ¿Qué pueblo…?
    (Está angustiado, como viviendo lo que dice. Tras una pausa recapacita sereno,
    como dolido). Sí, ya lo sé; en las épocas de incertidumbre cualquiera está amenazado,
    porque ninguno sabe de dónde puede brotar la destrucción. Y sin embargo, solo los
    fuertes conocerán el futuro. ¡Solo los fuertes…!
    La impotencia es una huerta de ceniza. Ir a oscuras, sin que a nadie le importe tu
    camino. ¡Sin que a nadie le importe tu destino!
    (Apenas acaba de decir esto, cuando dice uno de entre el público)
  • SEÑOR MAYOR.⏤ (Levantándose). ¡No es época de reyes!
  • MUCHACHO JOVEN.⏤ (Levantándose). ¡No es época de historia!
  • LUIS.⏤ (Sin mirarlos). ¡No es época de nada! ¡No es época! (Comienza a escucharse
    música de Bach. Luis sigue hacia adelante. Los que han protestado se sientan, al
    tiempo que se va iluminando el escenario en suave penumbra. El fondo es austero,
    esquemático, como boceto de una sencilla cámara regia. En el centro se alzarán unas
    escalinatas con tarima en desnudo color madera, sobre la que estará un sillón de
    barbero, que hará de trono. En el lateral izquierdo, primer término, un reclinatorio del
    mismo color, con cojín rojo, cerca, un candelabro. Tras irse difuminando los compases
    musicales se iluminará la figura del rey Carlos, que lívido estará acurrucado a los pies
    de la escalinata central. El personaje, aunque acoplado a sus características históricas,
    sin intento alguno de caricatura, estará sobriamente vestido de negro, con traje de
    época).